
A pesar de que la ciudad esté envuelta en chatarra y ruido,
furia y veneno.
De que la gente grite,
retroceda y lastime con sus heridas abiertas.
De que la luz esté distante y solo atesore el recuerdo
(el amor envuelto en pirámides y serpientes)
A pesar de que mi vientre se retuerce con el peso de la muerte,
sí, estoy aprendiendo a ronronear.
Autor: Franklin Ordóñez Luna.
Libro: Del Neo José y otras historias.
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